lecturas fotográficas

Investigaciones visuales

El uso de algunas metáforas propias de la poética fotográfica relacionadas con lo visible y lo invisible, con aquello que se manifiesta o que sólo permanece latente, permite proponer una lectura sobre el estado de la disciplina en América Latina. El análisis, a su vez, explora la conexión entre imágenes y palabras, entre fotografías y escritos que curadores, críticos, comunicadores y gestores culturales elaboran a propósito de éstas, así como el papel que desempeña la institución museística en la circulación y recepción de bienes culturales. La revista de fotografía latinoamericana Sueño de la Razón constituye una fuente de información excepcional en estos estudios.  | Arriba, la foto pertenece a la serie Caracas desde el carro de Ricardo Jiménez (1993).

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La producción fotográfica en América Latina no se aparta de la tendencia global. Si bien la cantidad de imágenes que se producen y circulan en la región sigue por debajo de los números de Europa o Estados Unidos, el total de fotografías creadas y publicadas en países latinoamericanos durante los últimos años iguala el crecimiento experimentado en otros lugares del mundo. Lo mismo ocurre con los contenidos textuales. En la medida en que la tasa de penetración de internet y la velocidad de conexión se ha incrementado en la región, más y más libros, catálogos, revistas especializadas, prensa y contenidos web sobre temas culturales han aparecido en las pantallas de los usuarios. Estas interpretaciones parciales de la creación visual, a la manera de un dedo que apunta a qué mirar, condicionan la recepción de las propuestas en función de un significado o constelación de significados que han de percibirse en lugar de otros. Ciertos contenidos permanecen latentes y sólo algunos alcanzan visibilidad.

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Además de las implicaciones inmediatas que la palabra ejerce sobre la fotografía al encontrarse en una relación de montaje, es decir, cuando coinciden en un mismo plano, existen otras interacciones al mantenerse separadas espacial o temporalmente. Una de éstas tiene que ver con el modo en que los proyectos visuales se consagran como resultado de que figuras ubicadas en posiciones de influencia dentro del campo intelectual hagan eco de sus alcances.

Las reflexiones conceptuales y evocaciones poéticas dirigidas a consagrar la disciplina fotográfica no se articulan con palabras cualesquiera. Una revisión superficial revelaría que, por el contrario, el empleo de términos y criterios tomados de la historia del arte con el fin de evaluar objetos de estudio fotográficos está completamente extendido. En este sentido, una larga lista de adjetivos consigna un código más o menos hermético con el que se organizan los discursos dominantes sobre el medio. Dichos términos le permiten al espectador ubicarse en una cartografía visual en constante despliegue, pero a la vez representan un encubrimiento adicional en el desarrollo de la disciplina. Y es que ya sea en la página impresa, en la superficie de la pantalla o de la pared de una exposición cualquiera, las lecturas a propósito de los documentos fotográficos dejan contenidos por fuera del campo de la visión.

Los textos interpretativos están en condiciones de imponer sus lecturas y de dirigir la recepción del público hacia una dirección determinada. En otras palabras, los escritos que analizan la práctica fotográfica reproducen los enmascaramientos de poética de la captura y el revelado, presentan una dimensión de las imágenes, pero dejan otra en inevitable latencia.

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La publicación Sueño de la Razón es una herramienta privilegiada para investigar las ideas más aceptadas acerca del medio fotográfico en América Latina. Se trata de una revista especializada en formato impreso y web que, hasta el momento, cuenta con cinco números editados entre 2009 y 2015. De acuerdo con su primer editorial, el propósito de sus creadores es “… la edición de una revista que elabore una perspectiva de la fotografía como interpretación de la cultura donde se crea”. (2009:5).

Publicada en el N° 0, la entrevista que Luis Weinstein hiciera a Claudi Carreras comparte la perspectiva documental que adopta la mayoría de estudios sobre la producción fotográfica en América Latina. En opinión del curador español,

“… la sociedad latinoamericana es una sociedad afectada por distintos ciclos. Ciclos económicos, subidas y bajadas […]. ¡Es una fotografía que hierve! Que sale de un sustrato en movimiento”. (2009:82).

Por su parte, en un artículo de 2010, José Pablo Concha Lagos, analiza esta lectura documental y señala: “La práctica documental es una disposición existencial. Lo primero que cuenta es el desplazamiento, el movimiento; la intención de ir hacia el objeto. El viaje como fin en sí mismo”. (2010:8). De acuerdo con el investigador chileno, la interpretación de la fotografía regional a través de la lente documental, “… por un lado, se explica porque durante siglos hemos sido la marginalidad extravagante de Occidente y por eso objeto de curiosidad antropológica […], y desde aquí el viaje constante de fotógrafos documentales a las entrañas de nuestro territorio americano”. (Ibídem).

Finalmente, el historiador Mauricio Bruno apunta a una tercera causa de esta perspectiva dominante en la comprensión de los documentos fotográficos latinoamericanos. Al analizar el uso de la fotografía durante la Guerra de la Triple Alianza, que enfrentó a Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay en 1856, destacó el impulso material que algunos gobiernos han ofrecido a fotógrafos en virtud de la promoción de nacionalismos. Bruno sostiene: “… el gobierno uruguayo estaba interesado en la circulación de las fotografías […], en las cuales se glorificaba la actuación de las tropas aliadas, y las de Uruguay en particular, y se conformaba un relato prosaico del Paraguay”. (2011:27). Al parecer, habría una temprana consciencia de estas potencialidades del dispositivo fotográfico, creado hacía apenas 17 años.

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Casi todos los artículos publicados en Sueño de la Razón giran alrededor de propuestas fundamentalmente documentales. Una mirada organizadora sobre estos permite clasificarlos en tres categorías: investigaciones geográficas, etnográficas y de archivo.

Retratos fotográficos. Encuentros potenciales en la obra de Ricardo Jiménez (2010) conforma el primer grupo. En este artículo, Lorena Gonzalez describe el recorrido visual del consagrado fotógrafo venezolano desde el interior de su auto en movimiento. Asimismo, con Necah 1879 (2010), Dardo Castro comenta el proyecto del artista argentino Res de reproducir las vistas espaciadas con que Antonio Pozzo registró el periplo de la Conquista del Desierto un siglo antes.

Por su parte, Visionario de la imagen (2011) presenta un análisis a cargo de André Cypriano de la serie que Carlos Germán Rojas produjera en torno a los personajes y costumbres de La Ceibita, barrio popular de Caracas y lugar de nacimiento del fotógrafo. Las imágenes de Andrés Figueroa, agrupadas con el título Bailarines del desierto (2011) también constituye un estudio de tipo etnográfico. El creador chileno representa las fiestas religiosas celebradas en Atacama atendiendo la teatralidad de los vestuarios elaborados para la ocasión.

Por último, entre las investigaciones realizadas a partir de material de archivo destacan Resignificación del documento fotográfico (2009) y El álbum de los mutilados de la Guerra del Pacífico (2011). En una, Fredi Casco y Cía de Foto dialogan sobre los trabajos documentales de Claudia Andújar y José María Blanch; en otra, Francisca Riera Sciappacasse revisa los archivos conservados por el Museo Histórico Nacional de Chile que evidencian los efectos del conflicto que enfrentó a Bolivia y Perú entre 1879 y 1883 en el cuerpo de quienes lo vivieron.

Aunque la línea editorial de Sueño de la Razón parezca demostrarlo, es evidente que no toda la producción fotográfica en América Latina es documentalista. Ciertamente, a veces es complicado definir si una propuesta es documental o no, ya que, en rigor, toda fotografía lo es en tanto material indicial e icónico. No obstante, es común que adquiera dicha definición durante el proceso de circulación y recepción. Esto coincide con las opiniones que Ticio Escobar compartiera en entrevista con Fredi Casco. El autor paraguayo señala:

“Los límites entre fotografía documental y artística son vacilantes; es difícil determinar cuándo una fotografía queda atrapada en la inmediatez del objeto, cuándo fascinada por la pura forma y cuándo logra trascender lo representado mediante fisuras, fracturas y reordenamientos que permiten observar la diferencia”. (2011:79).

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La fotografía en Latinoamérica en el siglo XIX. La experiencia europea y la experiencia exótica es el nombre de un recomendable ensayo en el que Boris Kossoy estudia la pasión intransitiva del medio fotográfico por representar lo lejano o extravagante. De acuerdo con el historiador brasileño, la experiencia fotográfica en América Latina durante el siglo XIX fue, en realidad, una extensión de la experiencia europea. La minuciosa investigación demuestra que la introducción de la práctica en la región consistió en la adopción de esquemas visuales e identitarios del Viejo Mundo. “Esto no se refiere únicamente a los equipos, materiales fotosensibles, procesos y técnicas […], sino también a lo concerniente a los modelos estereotipados de representación (poses, vestuarios, iluminación, adornos, accesorios)”. (1998:38).

Como resultado, la mirada exotizante de los viajeros europeos fue asimilada por los locales junto con la tecnología fotográfica. La hipótesis de Kossoy explicaría el predominio del carácter documental y antropológico de la fotografía en el continente, a la vez que ofrece argumentos originales para el estudio de muchos de los conflictos identitarios de los países latinoamericanos y sus habitantes.

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En un seminario celebrado en 2012 en Buenos Aires, Mari Carmen Ramírez, curadora del Museum of Fine Arts, Houston, diagnosticó lo que llamó neurosis de identidad al referirse a la producción artística de América Latina. En el mismo evento, Natalia Majluf, directora del Museo de Arte de Lima, señaló que la problemática categoría de lo latinoamericano pertenece exclusivamente a las narrativas, por lo que no debería ser una preocupación para los artistas; sin embargo, aceptó que es razonable que comience a serlo cuando la palabra deja de representar un simple rótulo funcional u operativo, para convertirse en un instrumento de discriminación institucional.

En una entrevista mencionada anteriormente, Claudi Carreras asegura a Luis Weinstein que las fotografías que más cotizan en los mercados extranjeros son precisamente las que coinciden con la concepción de alteridad que el mundo aún tiene sobre América Latina, es decir, una visión mágico-religiosa y de intenciones documentales. De ser esto cierto, los artistas que desarrollen líneas de investigación diferentes corren el riesgo de ser excluidos de los grandes relatos legitimadores.

El principal efecto de esta discriminación institucional fue detectado por Alejandro Castellote en el seminario El ADN de la fotografía en 2012. Para el investigador y curador español, es evidente que muchos artistas han comenzado a producir obras que encajen intencionalmente en las lecturas dominantes, de manera de satisfacer a gestores culturales y coleccionistas y garantizar la circulación y consumo de sus propuestas.

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Néstor García Canclini permite que la presente investigación llegue a alguna conclusión. De acuerdo con el autor, la dinámica global del siglo XXI no es una correspondencia de posibilidades para todos. En cambio, en sus palabras, la globalización es “… asimétrica, selectiva y en la que participamos de manera desigual. Unas regiones aportan saberes e imágenes locales; otras, los dispositivos de interpretación, organización y financiamiento”. (2010:22).

Seguidamente, el autor argentino afirma: “… uno de los procedimientos de división que ejerce el poder interpretativo de la crítica entre el arte metropolitano y periférico [es que] mientras que las obras generadas en los centros son miradas como hechos artísticos, la producción de artistas africanos, asiáticos y latinoamericanos suele ser leída como cultura visual o patrimonio cultural”. (2010:88). ¿Cómo escapar de una práctica miope y discriminatoria que refuerza la lectura estereotipada de la práctica fotográfica?

Para la llegada de una época de nuevas visualidades, el esfuerzo de gestores culturales y demás intermediarios del campo artístico en América Latina deberá dirigirse a formular investigaciones locales cuestionadoras. Algunos artículos de los primeros números de Sueño de la Razón son ejemplares en este sentido. Auguran que algunas latencias alcanzarán su manifestación. Sólo es cuestión de tiempo.

Fuentes consultadas

Artículos varios de Sueño de la Razón.

Castellote, A. (2012). El ADN de la fotografía (Centro Cultural de España en Buenos Aires, CCEBA).

García Canclini, N. (2011). La sociedad sin relato. Antropología y estética de la inminencia. Ciudad de México: Katz Editores.

Kossoy, B. (1998). La fotografía en Latinoamérica en el siglo XIX. La experiencia europea y la experiencia exótica en Image and Memory: Photography from Latin America 1866-1994. Houston: University of Texas Press.

Majluf, N. (2012). Arte latinoamericano. Diez años de cambios, perspectivas y proyecciones (Museo de Arte Latinoamericano, MALBA).

Ramírez, M. (2012). Arte latinoamericano. Diez años de cambios, perspectivas y proyecciones (Museo de Arte Latinoamericano, MALBA).

 

The Author

autor, investigador y docente de temas vinculados con la fotografía y el pensamiento contemporáneo. buenos aires, argentina. buzon.jpg@gmail.com

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