blanco: ensayos sobre raza y cultura. apuntes

Resúmenes y apuntes de lectura

Richard Dyer (Inglaterra, 1945) publicó Blanco [White] en 1997. En este libro, reflexiona sobre la manera en que el hombre blanco occidental se ha representado a sí mismo especialmente a través de la fotografía y el cine. Ofrece su conclusión desde la primera página: los medios visuales asumen, privilegian y construyen la blancura [whiteness]. Su argumentación analiza las vinculaciones entre imagen, raza y poder desde una perspectiva diferente: de cómo sucesivas innovaciones en las tecnologías fotográfica y cinematográfica tuvieron como objetivo perfeccionar la representación de personas de piel blanca. En consecuencia, a lo largo de casi dos siglos de fotografías, las pieles oscuras se establecieron como un problema. | Acceso al capítulo The Light of the World (en inglés) | La imagen que acompaña esta entrada pertenece a la artista alemana Viviane Sassen.

“El estudio se refiere a las representaciones hechas por blancos sobre su propia blancura dentro de la cultura occidental, porque las personas blancas han tenido mucho más control sobre la definición de ellas mismas y de otros que esos otros”. [xxii].

“[Peggy] McIntosh parte del reconocimiento de que las personas blancas no perciben sus privilegios, lo que actúa como ‘un bolso invisible y sin peso de provisiones especiales, garantías, herramientas, mapas, guías, libros de códigos, pasaportes, visas, ropas, brújulas, artículos de emergencia y cheques en blanco’.  (1998;1-2). La invisibilidad de estos bienes da lugar a la idea de que la blancura no es nada en particular, que la cultura e identidad blancas no tienen contenido. Éste es uno de los sentimientos expresados más comúnmente por las mujeres blancas entrevistadas por Ruth Frankenberg en su estudio sobre identidad blanca. Ella destaca que ‘muchas de las mujeres dijeron no tener ninguna cultura’.  (Frankenberg 1993:192)”. [9].

“Como sugerí en los párrafos de apertura, la ecuación que iguala ser blanco con ser humano asegura una posición de poder. Los blancos tienen poder y creen que piensan, sienten y actúan como y por todas las demás personas; los blancos, incapaces de ver sus particularidades, no pueden considerar las de las demás personas; los blancos crean las imágenes dominantes del mundo y no se dan cuenta de que construyen el mundo a su imagen y semejanza; los blancos establecen los estándares de la humanidad, esos que están obligados a alcanzar y en los que los demás no pueden sino fracasar”. [9].

“Todas las tecnologías son a la vez técnicas, en el sentido más limitado (que tiene que ver con sus propiedades materiales y funcionamiento), y también sociales (económica, cultural e ideológicamente) (…). Las reflexiones técnicas pueden subestimar o incluso descontar por completo el rol de lo social en lo tecnológico. Por qué una tecnología es explorada, por qué dicha exploración es financiada y qué se hace con los resultados (entre todas las posibles cosas que podrían hacerse con estos); tales preguntas no están determinadas por razones puramente técnicas. Ciertos medios y herramientas imponen limitaciones a lo que puede lograrse con estos, pero éstas son bastante amplias; en la inmediatez e instantaneidad del uso de las tecnologías no nos detenemos a considerarlas culturalmente, sólo las usamos como sabemos…”. [83].

“El medio fotográfico y, a fortiori, la iluminación para cine asume, privilegia y construye la blancura [whiteness] . El dispositivo fue construido pensando en personas blancas y las instrucciones para su uso habitual siguen esta misma vena, tanto así que fotografiar personas no-blancas es típicamente percibido como un problema”. [89].

“Películas, cámaras y luces experimentaron innovaciones tomando el rostro blanco como modelo. Los dispositivos resultantes han sido percibidos como fijos e inevitables, como si existieran independientemente del hecho de que fueron construidos por el hombre. Puede que sea verdad -y ciertamente lo es- que las tecnologías fotográficas y cinematográficas trabajan mejor con personas de pieles claras, pero sólo porque fueron creadas de tal modo, no porque no pueda ser de otra manera”. [90].

“Todo se complica aún más con los usos y prácticas habituales. Ciertas exposiciones y esquemas de iluminación, al igual que maquillajes y procesos de revelado, se perciben como normales. Se han constituido como modos correctos de uso. Y cualquier otro se convierte en un alejamiento de la norma o, incluso, en un problema. En la práctica, esta normalidad es blanca”. [90].

“Las innovaciones del medio fotográfico han tomado generalmente el rostro humano como criterio fundamental, y el rostro blanco como norma. Los primeros experimentadores no consideraron el rostro como objeto de representación, pero una vez que ellos y sus seguidores repararon en el retrato, y especialmente cuando el retrato fotográfico sustituyó al pintado (a partir de 1840), el asunto de la tecnología correcta (aparatos, consumibles, prácticas) se enfocó en el rostro y, dada la clientela, en el rostro blanco. Experimentar con, por ejemplo, la química de la película fotográfica, el tamaño de la apertura, la duración del revelado o la iluminación artificial se dio a partir del principio de que se debía lograr una apariencia adecuada de la piel blanca”. [90].

Un ejemplo para explicar lo anterior. Durante las primeras décadas del cine, se utilizaron las potentes luces de arco Klieg, las cuales eran molestas para los actores. Si bien los estudios pudieron haber usado luces incandescentes de tungsteno (las cuales eran más fáciles de manejar, más económicas y más cómodas para los actores), éstas fueron rechazadas porque iluminaban muy rojo o amarillo. Ambos colores fotografiaban oscuro en las primeras películas fotosensibles; por lo tanto, se siguió utilizando luces de arco sólo para garantizar la blancura de los actores. Asimismo, para eliminar las tonalidades rojas y amarillas de la piel, se empleó un denso maquillaje blanco. También se exageró el volumen del pelo, para que la luz lo atravesara y se viera rubio, no negro. Según Dyer, la inclusión del contraluz en los esquemas regulares de iluminación respondió precisamente a la necesidad de que el pelo de los actores fotografiara lo más claro posible.

“La asunción de que el rostro normal es el rostro blanco subyace en todos los consejos publicados sobre fotografía y cine. Esto queda demostrado a través de todas las ilustraciones que invariablemente usan caras blancas, excepto en aquellas raras ocasiones en las que se discute el problema de la gente con piel oscura”. [94]. Una extensa revisión de manuales fotográficos y de estrategias de iluminación sostienen este argumento. Los autores de la versión de 1993 de la Focal Encyclopedia of Photography al menos eran conscientes del asunto; señalaron: “Usamos como estándar con fines de control de calidad, se asume, a menos que se apunte lo contrario, que el sujeto típico es el caucásico con una piel que refleje aproximadamente un 36% de la luz”. [95].

“La tecnología estética de la fotografía, como ha sido inventada, refinada y elaborada, y los usos dominantes de esa tecnología, como se han fijado y naturalizado, asumen y provilegian al sujeto blanco. También construyen dicho sujeto, esto es, sacan provecho y contribuyen a la percepción de qué significa ser blanco. Logran esto como parte de una mucho más general cultura de la luz”. [103].

“Difusión y nitidez permiten distinguir sujetos. Se encuentran sujetos con bordes claramente contrastados, relativamente opacos (el lunático, el criminal, el nativo) y otros con bordes difusos, más translúcidos (ángeles, hadas, santos y personas como estos). En los extremos, hay sujetos no-blancos opacos y los translúcidos sujetos blancos, pero entre unos y otros la tecnología permite la reproducción de la blancura como una estructura diferenciada y jerarquizada. La clase, como criterio de blancura, como la sanidad y la no-criminalidad, se expresa en términos de grados de translucidez, mientras que la opacidad está asociada con los sujetos blancos pobres, de clase obrera e inmigrantes”. [113].

 

The Author

autor, investigador y docente de temas vinculados con la fotografía y el pensamiento contemporáneo. buenos aires, argentina. buzon.jpg@gmail.com