el ojo salvaje. entrevista a fredi casco

Entrevistas

En junio de 2015, Fredi Casco (Paraguay, 1967) se encontraba en Buenos Aires con motivo de la XXIV edición de ArteBA. Aproveché la oportunidad para hablar con él sobre fotografía paraguaya y latinoamericana. A continuación, se reproduce un fragmento de mi encuentro con el reconocido fotógrafo, editor, curador independiente y gestor cultural.  | La imagen que introduce esta entrada es de Beto Gutiérrez.

JPG: Una parte de tu interés se concentra en la fotografía. Al respecto, quería preguntarte sobre la escena fotográfica paraguaya. ¿Podrías hablarme de cómo era y cómo es ahora, de los desplazamientos que ha experimentado?

FC: Digamos que, en los ochenta, hubo una escena fotográfica en ebullición. Pero Paraguay tiene una escena cultural muy pequeña en comparación con casi todos los países de América Latina. Además, la élite intelectual del país no consideraba la fotografía como un medio capaz de producir arte, sino, más bien, un hermano menor de las bellas artes. Posteriormente, ya en los noventa, eso se disolvió. Ni siquiera eran prejuicios, sino quizás falta de información sobre lo que estaba pasando en los centros hegemónicos. Esa escena estaba centrada en la producción de fotografía documental, muy ligada al fotoperiodismo. Yo estaba en otra cosa en ese momento, así que no tuve acceso a la producción autoral que se estaba haciendo en Paraguay. Para mí, el arte pasaba por otros lados.

Después de terminar la universidad, me fui a vivir a París un par de años, y allí descubrí otras prácticas fotográficas. Al regresar a Asunción empecé a entrar en contacto con la escena de la literatura, del arte contemporáneo y de la fotografía. Pero no fue sino hasta finales de los noventa o comienzo de los dos mil cuando me relacioné de manera más fuerte con la fotografía. Yo ya hacía fotografía en los noventa, pero era otra cosa, o sea, la utilizaba como soporte para otras cosas. Mi contacto con la escena de la fotografía documental sucedió como en 2002 ó 2003, particularmente con Jorge Sáenz. También en esa época, yo entré a trabajar como editor de una revista, pero era una revista de moda, tendencias, estilo, arquitectura, de todo, diseño y fotografía. Y propuse darle lugar a la publicación de ensayos de fotografía, principalmente de fotografía documental. Entonces, se fue armando una nueva escena, diferente a la de los ochenta, diferente a la de los noventa, y fue lo que después, eventualmente, derivó en el proyecto del Mes de la fotografía en Paraguay, que es El ojo salvaje.

JPG: Me llama mucho la atención ese nombre: El ojo salvaje. Me preguntaba de dónde viene, qué es lo que ve ese ojo, por qué es salvaje.

FC: Tal vez porque vivimos en una sociedad atrapada en un capitalismo salvaje. En cualquier caso, yo creo que El ojo salvaje permitió abrir la escena fotográfica paraguaya hacia afuera. Cuando hicimos la primera edición de este festival, ya existía el Fórum Latino-Americano de Fotografia de São Paulo, que dirigía Iatã Cannabrava. Se armó, entonces, una red. Conocí a Daniel Sosa, del Centro de Fotografía de Montevideo, a Lucho Weinstein y, por supuesto, a Iatã Cannabrava. Para 2008, año de la primera edición de El ojo salvaje, ya teníamos muchos contactos armados. Comenzó casi como un festival internacional, se abre la escena de la fotografía paraguaya al mundo, y también se recibe gente de afuera.

JPG: ¿Y cómo crees que el mundo recibió la fotografía paraguaya?

FC: Lo que se generó fue un interés en el festival desde afuera. Nosotros trabajamos mucho para recibir a los invitados y ofrecerles unas buenas salas de exposición y una estrecha conexión con la escena local. Eso les gustó, y se fue comunicando, creo, por toda América Latina. Casi inmediatamente, el festival formó parte de una red de iniciativas alrededor de la fotografía. Y creo que, en todos estos años, han aparecido nuevas generaciones de fotógrafos que ya no están atomizados en pequeños guetos, como pudo haber sido el grupo de prácticas fotográficas de los años noventa. El paisaje es más amplio ahora. Creo que ése es un aporte.

JPG: Te pregunto ahora sobre el video Chaco Fantasma. ¿Cómo describirías el Chaco y la visión onírica o alucinatoria que existe sobre la región?

FC: El Chaco paraguayo es un inmenso intersticio que está entre Paraguay y Bolivia, una inmensa frontera que ocupa más de la mitad del territorio paraguayo. El Chaco fue escenario de una de las guerras más crueles y estúpidas de la historia de Latinoamérica: dos de los países más pobres de la región enfrentados por un territorio que no conocían. Soldados que venían del altiplano boliviano, que no estaban acostumbrados a la altura del Chaco pampeano, y gente de la región oriental de Paraguay, que atravesó el río, se encontraron en un territorio que era fantasmagórico para pelear una guerra.

Después de eso, el territorio siguió siendo una alteridad para todos los que vivimos del otro lado del río. En el Chaco, viven unas 17 ó 18 etnias que son como universos en sí mismos, y está repartido en estancias, latifundios y colonias menonitas. Entonces, ya de por sí el lugar es una locura. Además, tiene una densidad poblacional muy baja con respecto a la región oriental del país. El Chaco es una alteridad, como un alter-Paraguay, que no tenemos del todo simbolizado. Y justamente por eso es que me pareció interesante verlo a través de esa veladura que es el video y la fotografía. No tenemos acceso a lo real chaqueño, a esas ceremonias indígenas, sólo a una superficie que está para siempre velada para nosotros.

Yo no hice un recorrido exhaustivo de todas las prácticas rituales indígenas porque mi interés no era etnográfico. Me concentré en el carnaval chiriguano, ya que me pareció que esa fiesta concentraba muchas inquietudes que yo tenía con respecto a la imagen del Chaco. Encontrarme con esos fantasmas, con esos muertos que regresan cada año para visitar a sus vivos, me pareció una metáfora muy fuerte de lo Chaco representa para mí.

JPG: En el caso de América Latina, ¿cómo crees que el medio puede desmontar los discursos hegemónicos sin caer en el panfleto político ni en la mirada exótica que existe sobre la región?

FC: Yo creo que muchas prácticas artísticas que utilizan la fotografía como soporte, como máquina de reflexión, tienen que ver con la capacidad de separarse del panfleto. Mostrar a un campesino llevando agua como imagen de América Latina es una manera muy pobre de entender la identidad. Es precisamente lo que los centros hegemónicos plantean como posibilidad de comprender la región. Yo creo que buena parte de la práctica fotográfica pretende desmontar todo esto de manera crítica y subvertir el orden. Muchos fotógrafos, documentales pero también aquellos artistas que podemos llamar conceptuales, se han propuesto erosionar discursos heredados de los centros hegemónicos.

Hoy vemos, por ejemplo, que lo que se muestra en World Press Photo parece pintura holandesa del siglo XVII, con madonas afganas y africanas. Entonces, yo me pregunto: ¿qué tiene que ver la tragedia de una mujer afgana con la virgen María, con la religión occidental cristiana? ¡Absolutamente nada! Estos son modelos que se heredan y que se intentan imponer como lenguaje y definición de la fotografía. A mí me parece que hay gente trabajando en América Latina, como también la hay en África y en Asia, para desmontar todo esto. Yo diría que la fotografía de América Latina es una de las más intensas y provocadoras que hay en el mundo.

The Author

autor, investigador y docente de temas vinculados con la fotografía y el pensamiento contemporáneo. buenos aires, argentina. buzon.jpg@gmail.com